MUCHAS VIDAS, MUCHOS MAESTROS
Esta historia se valorará más con los años, ya lo aprendí. Y entonces, le dije a uno de mis maestros: "Si tuviéramos cara de viejos nos escucharían más...", rió. Esa vez sí que le saqué una gran sonrisa, le resonó a VERDAD.
Con un maestro anduvimos en la capilla del pueblo de San Firmino, donde cantamos y alabamos a Dios. Luego de pasadas horas, él me invitó a almorzar. Estábamos en ayuno, no de los intermitentes, y unas frutas hicieron un éxtasis en mi carga energética. Ahí llegó la chusma, un interrogatorio vestido de párroco vino a entrevistarnos. No es común que se cante en alabanza en la iglesia, aún en 2022. Quizá menos que antes.
El maestro le preguntó si podía llevarme a la estación central de trenes- a poco menos de 15 kms- luego de misa, y lo hizo de una manera que recordaré por siempre, cordial más insistente; un poco invasiva, alineada con su intención, provocativa y directa. Luego hablamos de la importancia de la presión para ver de qué estamos hechos los seres humanos. Es cierto, en las situaciones extremas se ve quiénes somos. Con mucha plata y con poca también.
Al rato, preguntó en un kiosco y un ciclista se ofreció, mas no tenía su auto porque estaba en sus andadas.
Ambas maneras de pedir fueron algo así como: "este amigo mío ha venido a visitarme y me gustaría asegurarme que llegue a salvo al tren que lo porta de regreso a su casa". Cuán hermoso es el habla de un sabio, tan simple y llena de amor, de comprensión. Qué sería del mundo sin la empatía. Como hoy?
Poco tiempo luego llegó otra prueba, un señor se detuvo justo frente al camper en el que ambos hemos vivido: mi maestro y mi ser. Al haberlo visto mi maestro alzó su mano haciéndome un gesto, como dándome a comprender que lo deje a él hablar primero. Le preguntó si tenía espacio, me llamó la atención la forma en que lo hizo. El señor respondió: "NO! Miren...". No entendí porqué. Luego nos correteó con palabreos -para mí, un tanto altanero (lo sé porque, en mi inconsciencia, lo fui por muchos años)- y se fue rápidamente al grito de "Buona giornata ragazzi..." etc. La pelotudez que todos podemos contestar cuando tenemos miedo y nos queremos defender de algo que no debemos pero desconocemos; por no soportar lo desconocido y no saber cómo permitirnos conocer lo nuevo. En seguida, mi maestro contestó: "Fai il bravo". El señor defendió: " Io sono nato bravo". La contradicción llegaba a un punto máximo. El pico lo logró mi maestro: "Allora, muori bravo". "Come?". "Muori bravo". "Si, Io...", bla bla bla.
Cuando se alejó, saludando con el brazo, le dije al maestro: tenía un asiento vacío. "Lo vi, vino a que le dijera eso", contestó.

Comentarios
Publicar un comentario