“A LOS MÁS FIELES”, un poema a los animales.


Algunas teorías los señalan como ausentes de consciencia, otras de que carecen de sapiencia… a los indefensos no humanos que, repletos de sintiencia, reparan en una ley que desconoce su valor, como la ciencia de su creación.



Mi alegría se invalida al privarse el derecho a la vida, ya se estudió en demasía a ese animal que olvida para qué son sus dientes; en esta poesía soy libre, pues ellos son mis parientes.


Que, sin nombres ni apellidos, a los más fieles hemos conocido, por especie los dividimos y en todos los elementos los vimos. Algunos pueden volar como nuestros sueños,
otros saben danzar bajo el agua y apreciar en una bocanada al viento;
los demás caminan este infierno con etiquetas como corbatas, más de numéricas marcas.

 

Los animales, los animales... Los animales son sabios divinos, no acumulan riquezas ni necesitan vino, viven tanto el día a día que ni los limita la economía. Solo los más privilegiados merodeando andan sueltos, más todos sin lamentos, ansían el esperado momento de recibirnos todos los días, dejándonos sin aliento, y siempre con alegría.

 

En familia o en compañía, vagan por el mundo de noche y de día, andan en manadas y se permiten monadas. Me pregunto si se preguntan: “¿ya soy adulto?”... quizá por eso no se limitan el juego. Y nosotros, nosotros… Me imagino que se preguntan: “¿cómo estará mi humano hoy?” ... De seguro, se preguntan: “¿cuánto falta para verlx?”.

 

En lo que respecta a los otros animales: de compañías, ONGs y entes gubernamentales… si les contáramos a los más fieles nuestros secretos del mundo de hoy, se aburrirían como un niño sin un tesoro escondido, de tan solo escuchar el cuento acerca de “en QUIÉNES nos hemos convertido”. 

La ciudad ya no fluye como el río, y en sociedad todo es un partido. La ira es parte del viento y la jungla de cemento. Por eso necesitamos de ellos, volver al orígen, a nuestro reencuentro. 

Y así es como los involucramos en actividades distintas por el pan de cada día,
y no siempre agradecemos sus esfuerzos en iguales cuantías…
¿Acaso nos preguntamos si ellos son nuestros mesías?  


ANIMALES, de ánima en latín; nuestro componente más auténtico.
“Con calma que me duele el alma, Sansón” le dijo el perro al patrón, mientras montaba a caballo. Y lejos, por la cordillera, detrás de una pradera, un día un paisano le dijo a un gaucho:
“Que a mi último aliento se lo lleve el viento, mientras a los más fieles defiendo.”
A lo que un hombre disparó: “porque vivo de ellos; pues, ¿qué utilidad tienen estos animales?
Son débiles, en cambio los perros son fuertes”.
Y  el maestro le respondió: “te falta sabiduría y amor”.
He aquí que cada criatura que se ha creado tiene su sentido y su finalidad”. 

 

“Recuerdate” comprender que ellos son nuestros protectores, quiénes eligen primero, al amo al que amaran y su misión cumplirán. Porque ellos saben de empatía, si hasta intuyen -y se nos acercan- a lamer nuestras heridas. ¿Anda Jaleo, un cazador conoce de dolor? 


Animales humanos SI… animales no humanos NO... 

¿Por qué no… protegemos sus derechos, conservamos las especies, preservamos flora y f?
Al fin de cuentas nuestro tiempo acá pasará y las nuevas generaciones son las que han de pagar, toda nuestra ignorancia y también la terquedad. Les serán caras nuestras andanzas y escucharán el eco de nuestras matanzas… No cabe pretexto para contaminar el contexto, el medio-ambiente paga suficiente, nuestro fin económico (no ecológico) sin devolverle NIENTE. 

Al menos sería “lindo” la vida ver acabar sin el plástico flotando o en el fondo del mar,
secuelas que nuestros hijos también han de cargar, y como “deber” escolar solucionar.

 

Cuando pienso si el rol del turista en la caza y la pesca es de protagonista,
me pregunto, re-pregunto y presumo: si la situación fuera inversa,
¿acaso ellos serían espectadores sin vergüenza de consciencia?


Ellos nos endulzan la vida y nosotros les brindamos “áreas protegidas”.

A algunos los portamos en viaje y les llamamos “mascotas”.
Pensar que dan suerte sería un poco fuerte... O, mejor dicho, un tanto inconsciente. 


En cuanto a la libertad, si ellos pudieran, estoy seguro que dirían:
“Amamos los cielos celestes, el olor del prado en un día soleado, el frío helado en la cima de una montaña. La luz que habita en el alma es tan blanca como una estela de mar, pobre de aquel animal que, aun a sabiendas de su conSciencia, no sepa lo que es amar”.

 

Y así termina este sermón, fundido en mi corazón, no lo dictó mi lógica ni mis años de formación, sólo mi sueño más profundo de ver un mundo mejor.


Sueño con un mundo delfín, dónde la caza sea de sonrisas hormigueras, la pesca de alegría perezosa, el deporte arrojar la pelota, protagonista la compasión y “las diferencias” el espectador. La paz deberá triunfar o el final se adelantará, más mi fe quiere descansar en que la consciencia podremos cambiar…porque efímero es el tiempo cuándo no se sabe cuidar 

 y se valora verdaderamente cuándo se acerca el final.  


Insignificante parece a veces nuestro paso en el mundo de hoy, como un grano de arena en la costa, pero sin gusto ni sal.  Mas si un grano de mostaza tan solo hemos de confiar, quizá no todo esté perdido y alguna ESPERANZA haya, en el viento de aquí pa llá, que quién sá podamo' abrazá.

No nos olvidemos: alguna vez fuimos gauchos, paso a recordad (/Ole). 


Agradecidos siempre deberíamos estar, porque a pesar del daño causado aún seguimos acá. 

Más llegará el final de esta excursión -llena de sombras y sol- y cuando se baje el telón,

nuestra consciencia será una canción, llena de recuerdos por deshojar, 

equivalentes, seguro, a nuestro merecido sembrar.


Abriéndoles -o no- las puertas de nuestro corazón, LOS ANIMALES son y serán lo que son.

El humano podrá dañarlo, el “Hombre” podrá matarlo, más de algo he de estar seguro, jamás se podrá alterar su instinto más natural (previo a nuestro domesticar), 

su tan preciada, única y auténtica fidelidad


Errado quizá estaré, como Él humano fue alguna vez, más si la tierra es fértil y la intención pura, semilla será en quién sepa escuchar -con el corazón abierto y alas de par en par 

como el cielo regala su luz en cada nuevo despertar- esta poesía que viene a cavar…. 

Sus errores son personales, sus aciertos: del más allá.

“Un último anhelo!” ha pedido este corazón, que fue bien protegido, salvaguardado hasta hoy… 

con humildad hace entrega y queda a disposición, para todo quién desee su conservación:


“Este grito de paz encuentre pronto otros nidos,

sea cobijo, un sonido, un amigo de abrigo…

que el invierno está cerca y afuera hace frío.

Y antes de partir, de regreso al destino,

anhelo poder ver, al menos por una vez, un rato de atardecer, 

-en mi último suspiro- la tierra y sus animales, 

finalmente TODOS UNIDOS.”







Diego Crevacuore.

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