Un nuevo amanecer
Un día escribí...
No tengo mucho por decir hoy. Vivir el ahora es a lo que apunto, y soy consciente que hoy no lo puedo realizar en un 100%, entonces al momento me dirijo día a día a esa meta gozándome la paz del momento a cada instante. Quizá me gustaría ya vivir cada pensamiento convertido en acción instantánea, pero a veces me cuestiono: quizá no esté “mal” ponerse planes a un razonable plazo; porque también alimentan el alma y dan un norte. Ya de por así los aspiro(?) y se me vienen a la mente naturalmente. Como una creación le arriba a quién está pronto.
Cuando el mar es calmo, yo estoy calmo; como si estuviera en sintonía con él. Tengo las uñas pintadas de un blanco mujer(""?) y no me siento juzgado ni me interesa. Desde hace poco.
Me encuentro en las Europas y siento que voy encontrando mi simplicidad, no es que me conforme, pero elijo hacerlo en el sentido que entiendo que todo es un sentir natural y -solo así- tiene sentido.
Esta paz de seguridad debería ser natural en todo el mundo, así pudiéramos gozar de calidad de vida, como de poder escribir con la inspiración natural que da hacerlo mirando el mar… y la belleza de la gente pasar. Con los pies descalzos conectados a la madre tierra y aún la cara a medio despertar porque no siento abrir los ojos o hacer muecas más de lo natural. Eso, esto mismo, natural. Así “debe” ser. Somos cuando SOMOS, de manera natural. Y qué lindo, sencillo y simple se siente, ligero como quién viaja tal nos gusta al gran pepe y a mí: con poco equipaje.
Allá por unos años atrás fui a visitarlo al Uruguay, detrás de una boca haciendo un gesto de “qué hambre” por mi hermana, decidí embarcarme en lo que sabía que podía hacer y estaba a mi alcance; dar mi máximo. Es decir, lo máximo que podía hacer era ir a la casa del expresidente, y si estaba… y era destino, se daría el anhelado encuentro. Sin ansias me dejé dirigir por las señales que debían llegar cuándo sea el momento, y me fui nomás. Hice la primera noche con Couchsurfing (puedo racontar mucho más después sobre mi app favorita a abril/22; cuándo escribo estas líneas) compartiendo con una chica y un hermano del alma; Javier Martínez, a quién el barba necesitó pronto como ángel para otro. Y llegué, con 2 colectivos a cuestas, pocas horas de sueño y pan, hasta su casa alejada del rumor. Dos no uniformados me preguntaron qué buscaba, y yo dije “al Pepe”. Me dijeron que espere, que como imaginé: podía estar (y querer o no recibir gente) o podía no estar (estar en gira, de familia, amigos, enfermo, etc.). Sus dos perros, para gran sorpresa, aunque para mí señal del destino -o sea de un SÍ- eran Toby & Lisa. No porque se llamen así, sino porque eran iguales a quiénes compartíamos vida junto con Euge.
Y al rato, salió… asomó geta de paisano al canto “Paisano, ¿qué andas buscando”? Pocos días atrás había hablado “mal” de la Argentina (me habían dicho así) … en verdad, dijo otra verdad, y totalmente distorsionada de la interpretación que me había llegado; que apuntaba a inversores del destino según recuerdo. “Demostrarle a mi hermana que los sueños se pueden cumplir” dije un poco agrandadamente. Siempre me sentí un poco así, arrogante y soberbio- no sé muy bien porqué, cuándo y dónde aprendí esto; porque creo ninguno nacemos con estos modismos, pero cuesta más desaprenderlos que des elegirlos. “Pasa, respondió”. Y así estuvimos los 45” que me dedico para enseñarme a escuchar. Tomando mate con ruido en los silencios que se generaban cuándo yo me cansaba de hablar (y de desperdiciar minutos de escucha), y repitiéndolos cuándo se tomaba su tiempo para pensar y decir en limpio sus conceptos e ideales a compartir; o no por el mundo. Lo único gracioso es que le cagué todos los remates de frase, porque recordaba bien los videos de YouTube; ventaja que tienen los pibitos de hoy y desventaja a su vez, si es que no lo saben manejar.
Fue otro fin de semana en Uruguay, como ese de luna naranja-rosada en el que me vi enfrentado en calzas con la barra de Racing en Buquebus y que, gracias al gran Titi (amigo de mi viejo y quién nos hizo pasar un día de semana al estadio Juan Domingo Perón*), pude ingresar luego al estadio a ver un partido por la copa América vs. Ahí conocí a un hermano.
*Mi viejo me pasó a buscar un día de escuela acusando que debía seguramente hacer algún trámite cerca de la cancha, comimos un chori frente al estadio, y luego pim: adentro.
Al banco me llevaba siempre, y la última vez me presentó como “su hombrecito”, recuerdo que guardo como tesoro. Con su primo Jorge me llevaron a cazar poniéndome municiones en el chaleco y haciéndome creer que había acertado 1 de 2 disparos hacia una liebre; como “diversión” en ese momento. Pensar que hoy defiendo animales.
Cuando yo atajaba de chico siempre gritaba “El Nacho”, por el portero Gonzalez de aquel Racing Club. Después mi viejo lo llevó al negocio de pesca un día y me sorprendió en un cumpleaños (99/00) frente a mis compañeritos por llamado celular de a pocos metros. Él me dejó su última casaca de vestuario en su último enfrentamiento contra su club de corazón (River Plate) y algunos asombros los días que me visitaba a la escuela. Fui al Loreto, de sarandí. A unas cuadras de mi abuela Mary y el abuelo Pilo; quién vendía garrafas y carbón. Las milanesas con papas fritas y limón eran una especialidad que con Duchy, Gusty, el colo, y algunos compañeritos más supimos saborear. Fede Spagno sigue siendo mi amigo, y a todos los guardo en mi corazón con un sano recuerdo; sabiendo que les dí quizá al final lo peor de mi, pero porque estaba perdido. Hoy me perdono y sigo, y con muchos sigo reconectado, como el lechero. Recuerdo que Ferni en Bariloche cuidó de mí para que no fume (en ese momento escapaba de la marihuana porque era dependiente para no pensar en mi realidad que era bruta y muy fuerte), Aye me insistía que dejé las torres (Complejo de Wilde dónde me perdí mucho y encontré otros hermanos, entre ellos Lele) y hasta hablo junto a July con mi hermana; mientras yo como pelotudo me enojaba, no sabía que podía elegir no hacerlo más. Aunque como nos enseñó Jesús en el templo, cada tanto, amerita salir el fuego interno en defensa de injusticias (y mi hermana es parte de esta defensa).
Mi vieja me regaló su inglés y enseñó que los sueños se cumplen aún en contra de tus más amados (mi padre no quería que viaje a Inglaterra sola con sus amigas). Rocky -el perro- murió en ese viaje y recuerdo que le dije (a ella) que “debía hacerlo” y algo así como que yo la apoyaba. Creo debía tener 12 años por cuentas, porque si pienso tenía 7.
“El fruto no cae muy lejos del árbol” me dijo un giorno el nombrado Titi -fanático* de Racing-, frase que no me gustaba por interpretación diversa mía, pero con el tiempo le encontré a su sentido a cuándo me iba a pescar con mi amigo el Charle a Chascomús. En realidad, a tirar la caña, porque era una excusa y porque -en efecto- pescamos frío. Otra vuelta fui como en conmemoración con Mari Lau y Lopecito, pero devolvimos la única pieza del final, aunque me volví arrepentido. Lo confieso porque me seduce la contradicción humana, tal como lo escuché decir a Santi Arimatea hace unos días.
*De los fanatismos no hablé, y lo fui muchos años hasta hace poco. Era “vegano” del vegan “ISMO” unos años en Argentina, luego vegetariano… etc. Así, innumerables veces nos definimos y limitamos -al mismo tiempo- para permanecer en grupos que nos aparentan sentir pertenecer. Ser, es muy distinto en mi práctica. Hoy quiero pescar si quiero morfar, lo que considere justo y la naturaleza me quiera otorgar; que sabré valorar, agradecer, respectar y apreciar. Distinta es la industria, que arrolla con toda su crueldad. Hoy hablo, y acepto escuchar, más si no hay mentes abiertas que comiencen por el respeto no hay sentido de iniciar entablar. Cada día quiero ser nuevo, es decir, descubrir más que forzar. Ya lo dije: ser, natural. La esencia no se puede cambiar, por más que la queramos forzar. “Il rotondo mai sará quadrato”, me dijo otro hermano gay. Me encanta ponerlo así, porque abre debate a opinión, y no porque me guste; sino porque me obligo a aclarar, que en verdad es compartir experiencia vivida. Probé estar felices con otros hombres, no lo siento porque no me es natural, y si bien no fue tan retorcido como lo podemos pensar… simplemente insisto, nos merecemos la mayor felicidad, pero siempre se termina en lo NATURAL, para cada uno claro. Pero natural.
Una exnovia vive en Chascomús ahora, como es la vida, nos sorprende de lo chico que puede parecer el movimiento del mundo. Y lo experimento día a día, mientras me muevo por inercia, digamos. No valoraba a las mujeres yo en mi adolescencia, o al menos creo eso, no es que era duro de corazón, pero en esa coraza pelotuda me escondí y regalé lo peor de mí; aunque entiendo que quién se quedaba cerca veía mi amor, lastimado en ese entonces.
Intenté hacerme mal a mi mismo, pero me salvó el amor por los míos, y aprendí que cuando no lo hago por mí menos sentido y fuerza tiene hacerlo por los demás; que la convicción es personal, más en este caso… me salvo el amor por mi madre y hermana. Como dicen por ahí, al final es cierto… sólo el amor nos salvará, y lo hace. Lo entendamos o no.
“Sos un bohemio” me dijo mi Abu Virge hace unos días, la reina que cocina todos los Domingos junto a mi vieja. Recordé que tiempo atrás me lo repitió el papá de Lele, otro guía. Nunca me sentí nómade, por eso viajo, también porque fijo me arrutino y porque necesito respirar aires nuevos y estar en contacto con la naturaleza y expandirme. Todo lo nuevo me seduce y vago sin rumbo como el viento cuándo escucho mi alma, otras veces quiero controlar y me enojo cuándo no salen las cosas; porque quiero alterar el ritmo de fluido natural.
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