¿Sólo? No. Conmigo, María, Jesús y los ángeles.
Y sin darme cuenta, un día volví a escribir… pasaron días y años desde aquellos viajes aventureros por Latinoamérica, quizá ésta sería una segunda parte; latino-europea. Creo haber podido escribir antes, luego del viaje al norte (Arg-Méx) pero evidentemente no era el momento. Ya elijo no pensar en lo que no fue, sino en lo que puede ser y puedo HACER (lo único que nos saca del statu qúo facultativo; que en realidad es ir desde A hacia B, simple). Utilizo una línea para decir que todo lo que digo es mi visión compartida en función de la “sperienza visuta” con las luces que tengo al momento.
Me vine a vivir a Italia desde la Argentina, país de Sudamérica, es decir de la parte sud del continente. Me encontré con varias personas en el mundo que -come Io, y todo ser humano- pudieron no saber dónde quedaba e incluso si es un país; ahora no me enojo. En mi tierra se cultiva el amor, y con ésta refiero a Latinoamérica, también con un poco de la otra forma por injusticias sociales y gobernantes (de turno) corruptos.
De chiquito me gustaba jugar todo tipo de deportes, y lo hice: desde vóley, hándbol, basquetbol, paddle, tenis, boxeo, bici, maratonismo, guardavidas, y bueno… siendo argentino: fútbol, jugar a la pelota. Gracias a Dios, y a mis viejos (hermana, nonnas & familia), pude hacer TODO en distintos momentos de esta vida. Porque todo SE PUEDE, sólo que no al mismo momento; como me enseñó una de mis madrinas del mundo. Y aunque me quedo con más ganas, en c/u o alguno quizá podría haberlo ejercido como profesional, más debía la respectiva dedicación y elección unilateral; y nunca fui por esencia de la monotonía, me gusta probar todo y, como todo, ventaja & desventaja.
Hoy escribo sin ser escritor, pero siendo; con lo cuál estoy siéndolo. Porque el hacer habla del ser, y por más que seamos, sin hacer dejamos de ser. Quizá no seamos de profesión pero sí de espíritu, más el tiempo da el profesionalismo, que no es más que ejercer la profesión, o sea la práctica. Y lo más importante: se expande motivado por el impulso de lo sentido en esas experiencias para COMPARTIR.
¿Me preocupaba el cuándo y el por qué? Y (hoy) mi maestra me dijo: “quizá la pregunta sea PARA QUÉ?”.
Mientras escribo pienso que sigo sin saber adónde voy, y esto me suena a mil canciones, cuentos, historias ya narradas. Más con una certeza de sabiduría interior; que cuándo ya la pienso se desintegró.
Animales humanos, animales no humanos, seres vivos como las plantas y el planeta enriquecen mi vida dándo(nos) y llevando lo que hay para todos… y aún el TERROR devorando en la tv.
27 diplomas junté para atreverme a cruzar el charco; y ninguno me habilita. En 4 valijas empaqué guitarra, ropas & pasiones, camino a un sueño de 1 euro en tierras lejanas. Cuando llegué me esperaba un sol que ardía y quemaba mi piel, que pasaba por cada uno de los recovecos como luz entre los cacharros que colgaban de mi cuerpo livianos pero pesantes. A la mañana siguiente, de haber arribado me fui a cortar el pelo a las 9.am UN SÁBADO, o sea… Me sentí desnudo de nuevo, sin saber qué hacer, dónde ir, qué comer, con quién hablar y cómo. Porque el idioma alguito lo había estudiado, más quién conoce Sicilia sabe de lo que hablo. E, imagino como el Diego, me fui haciendo. Con la pizza napolitana y la "mozzarella di bufala", a la mierda el veganismo; hora de replantearme los fanatISMOS y recorrer el camino propio, hacer experiencia y ser más auténtico conmigo mismo. La tempestad cubrió la noche y 35 dólares fue la promoción por un techo de 8 horas. Seguida por otra de 20, hasta que decidí irme… a la ciudad que luego sería -hasta hoy- mi segunda casa: Catania.
Llegué a San Giovanni un 29 de agosto, tras un año duro de un EP grabado. Había escuchado que en el 2020 se abrió un portal, y si bien merodeaba en lo espiritual, no sabía lo que me podía llegar.
En la isla Sicilia me recibió un fratello, un abogado de 47 años de corazón como el mar, rebelde, duro y listo para surfear. Fue tanta la conexión como mi parlar que, cuando me fui, solito dejó de fumar.
Por allí comenzaron mis comparativos: que el auto, que la casa, el sillón, la tv, los cuadros… un sinfín de banalidades que a veces, cuándo no puedo escapar del programa, repienso. Lo bueno de todo esto, Italia y su café. Sus comidas, el agua, las risas, las compras, el llanto y la solitudine. Y más que el café, probar un SELTZ.
Qué lindo es congelar el tiempo -y volver a mirar hacia atrás- llamando a un amigo desde la ducha al grito “me siento sólo”, y charlar -vitrina mediante y a la mierda- hasta llorar. A ese hermano de Ragusa me gusta llamarle San, como mi lugar favorito de acá (dónde escribo en este instante) llamado “San Giovanni Li Cuti”. Que, sin idealizar, "mi sembra" familiar. Ahora entiendo porqué tanta conexión entre italianos y argentinos, porqué somos dramáticos, exagerados, burocráticos (sin razocinio, a menudo), tercos y testarudos; quizá de ahí mi buena perseverancia. Nos gusta también la familia, los amigos, y el vino... bueno, quizá a ellos más. Somos de abrazar -más los argentinos- y digamos, los del sur se parecen más a los latinos de allá.
Tuve que seguir mi camino y pasé de lugar en lugar, y así aprendí a caminar, a veces con el frío del viento que pega en el mar, y otras con un abrazo solar.
Cuello, orejas, nariz y manos, tobillos… me gusta confesar estas trabas enigmáticas del cerebro. Como decir "pito, teta, culo, concha"... de quién o dónde lo habré aprendido? Creo las tengo desde chico, desde cuándo jugaba a la pelota en el Wilcoop, porque mientras corría pensaba en números y contaba, o repetía palabras… “y aún no sé muy bien porqué” (cómo dice la letra de una leyenda).
El frío de Roccaraso caló sobre mi cuerpo como el peso de una roca en mis hombros y una montaña en mis esperanzas. No sabía si estaba para evolucionar o sufrir, porque sigo entiendo que hay dolor en la evolución, más no elegía el sufrimiento que estaba vivenciando. “Tu sei straniero, zito”, dijo un hermano, sin saber el peso de la palabra. Y lloré como extranjero que se siente lejano y extraña su tierra.
Los días pasaron y, más vendí mi personalidad, más me debía de estar perdiendo para re-encontrarme de nuevo. El fin iba a llegar y un amigo vino a la puerta, que pronto se cerró por estar ensimismado con mis miedos. Debía de seguir conociéndome para interpretar cuánto peso le doy a veces al qué dirán sobre mí “cuándo si quiera me conocen más de algunos días”; y como si yo no me conociera… me digo: qué pretendo no saber? (decía una frase en un curso de Coaching, gracias a otra canción). “Tengo un piano en mi consultorio” dijo una bionda, “y vos sabéis tocar”. Al menos una foto más pude sacar (de esa experiencia) que me recuerda cuán parecido soy a mi papá.
"¿Y si es por alguna misión que voy cumpliendo mis sueños?", escribí un día en un papel... me dejó pensando.

Que lindo lo compartido
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