PARA MI EGO

A veces pienso que de chico yo era perfecto. Que en los tiempos dorados yo era una especie de superhéroe que todo lo podía. Tenía mucha energía si, pateaba 23 veces al arco y hacía 20 goles; sino 21. Pero gracias al milagro de la vida la flor crece, va perdiendo sus pétalos y -tarde o temprano- se desvanece, sino seríamos infinitamente vanidosos. 

Cuándo era chico -antes del accidente de mi papá- solía (querer, y lo hacía) seducir todo el tiempo. Hasta encaré una chica en pareja a sabiendas; y seguramente no fue la única. De hecho hasta recuerdo no tener códigos muchas veces y no respetar esto; hoy lo veo y pienso como que me entrometía en el proceso de dos almas. Cómo cambiamos, gloria a Dios. 

Con lo cuál: ego, no éramos quién nos creerías hacer creer, más somos más conscientes hoy, y eso es para celebrar. Cada día es una nueva oportunidad para ser quién queremos, HAGAMOS!

Mi vida se centró -luego del accidente- en tratar de tapar el vacío, buscando satisfacción inmediata y un consuelo que se sienta como un alivio emocional fundido en abrazos. 

Después, lo que también recordé y repasé hoy cuándo me levanté, aparecieron “enemigos” que me dieron la posibilidad de trabajar la paciencia. A un extremo un tanto tóxico, más entendiendo que era parte de un proceso. Como decía el pepe: no tiene sentido cobrar cuentas pasadas, hay que mirar pa´ delante. Gastamos energía lamentándonos y, como al guardar remordimientos, nos hace mal a todos. 

Justamente, hoy vi esta foto en un hospital de Italia.




Sigamos siendo conscientes de quiénes somos; porque somos el resultado de ayer, más quién somos hoy y no quién querremos ser; así que continuemos: HA(S)IENDO!


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